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Qué datos de un jugador de base vale realmente la pena registrar
No todo lo que se puede medir sirve para algo. Una lista honesta de lo que compensa registrar en una categoría de base, y de lo que solo da trabajo y responsabilidad.
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Quien empieza a organizar la plantilla en serio pasa casi siempre por la misma fase: quiere registrarlo todo. Altura, peso, pie dominante, velocidad en 20 metros, número de pases acertados, valoración técnica de 1 a 5 en seis parámetros, notas de comportamiento, notas del colegio.
Tres meses después, la mitad de los campos está sin rellenar y la otra mitad está desactualizada. Y, peor, el entrenador se ha convencido de que el problema fue suyo.
No lo fue. El problema es que muchos de esos datos no tenían ninguna utilidad para las decisiones que un entrenador de base toma de verdad.
La pregunta que lo filtra todo
Antes de añadir un campo a la ficha de un jugador, responde a esto:
¿Qué decisión voy a tomar de forma distinta por saber esto?
Si no hay respuesta concreta, el campo no entra. No es tacañería. Es que cada campo tiene un coste: alguien tiene que rellenarlo, alguien tiene que mantenerlo actualizado y, tratándose de menores, alguien se hace responsable de guardarlo en condiciones.
Lo que sí vale la pena
Identificación y contacto. Nombre completo como está en el documento, fecha de nacimiento y dos contactos del tutor. Esto no es burocracia: es lo que permite resolver un esguince de tobillo a las once de la mañana de un sábado en un campo a sesenta kilómetros de casa.
Validez del reconocimiento médico. No el reconocimiento, no el informe: la fecha en que caduca. Es el único dato de esta lista que puede impedir que un jugador salte al campo, y es justamente el que suele estar en un papel en la bolsa de otra persona.
Posición principal y secundaria. Dos, como máximo. En base la posición no es una sentencia, pero tener registrado que el chaval ya ha jugado de lateral evita la conversación de “¿alguien aquí ha jugado por la derecha?” cinco minutos antes del partido.
Dorsal y talla. Trivial hasta el día en que se reparten las equipaciones.
Asistencias. No la asistencia calculada en porcentaje, solo el registro de quién estuvo. Es el dato que, sin ningún esfuerzo de análisis, responde a la pregunta más frecuente de las reuniones con padres: “¿por qué juega menos?”
Minutos de juego. En base, este es el indicador que más importa y el que menos gente apunta. Al cabo de diez jornadas, una columna de minutos muestra en cinco segundos si de verdad estás repartiendo tiempo de juego o si solo tienes la impresión de que lo haces.
Notas libres, con fecha. Un campo de texto por jugador, donde se escribe lo que se ha observado y cuándo. Vale más que cualquier plantilla de valoración, porque no obliga a inventarse un número para algo que todavía no se ha entendido bien.
Lo que casi nunca compensa
Plantillas de valoración técnica con escalas numéricas. De prebenjamines a infantiles, poner un 3 en vez de un 4 en “pase corto” es casi siempre ruido. La escala no es estable entre entrenadores, ni siquiera entre dos momentos del mismo entrenador. Consume muchísimo tiempo y no cambia ni una sola decisión.
Mediciones físicas frecuentes. Altura y peso mensuales, en edades de crecimiento acelerado, producen gráficos bonitos y ninguna conclusión. Sin un fisiólogo que las interprete, una medición al principio de la temporada basta.
Estadísticas de partido detalladas. Pases acertados, duelos ganados, tiros a puerta. Esto exige a alguien dedicado a observar en vez de entrenar, y en un alevín la variación de partido a partido es tan grande que los números no se estabilizan antes del final de la temporada.
Información escolar y clínica que no sea estrictamente necesaria. Notas, diagnósticos, medicación. Salvo que exista una razón deportiva o de seguridad directa y el tutor la haya comunicado por escrito, esto es información sensible de un menor que el entrenador no tiene por qué guardar. Si la guarda, pasa a ser responsable de ella.
Una nota sobre datos de menores
Vale la pena decirlo sin rodeos: casi todo el mundo en el fútbol base anda con datos personales de niños en archivos Excel en el móvil, en grupos de WhatsApp y en fotografías de listas escritas a mano. Es práctica corriente y es una mala práctica.
Tres reglas que resuelven la mayor parte del riesgo:
- Recoger solo lo que se usa. Es la misma pregunta del principio del artículo, aplicada por otro motivo.
- Limitar quién ve. El delegado necesita contactos; no necesita ver notas de valoración. El ayudante necesita la plantilla; no necesita todos los contactos.
- Tener un solo sitio. Datos repartidos por seis sitios no se pueden borrar cuando el jugador se va. Y borrarlos, cuando se pide, es una obligación, no una cortesía.
En resumen
La ficha útil de un jugador de base cabe en una pantalla: quién es, a quién llamar, si puede jugar, dónde juega, cuánto ha jugado y qué se le ha observado últimamente. Todo lo demás es opcional, y la mayor parte es peso muerto.
Si quieres ver cómo queda esto organizado (con permisos distintos para entrenador, ayudante y delegado), puedes probar My Team Manager durante 30 días. La ficha del jugador se diseñó precisamente alrededor de esta lista corta, y no de la larga.